15 de agosto de 2013


Genialidades de la vida
 


12 de agosto de 2013

¿Ya les conté que uno de mis sueños es despertarme en los jeans de Lorelai Gilmore? Oh Lorelai, Lorelai,  ¡te invoco en mis cafés!
 

27 de julio de 2013

Comin thro' the rye, poor body,
     Comin thro' the rye,
She draigl't a' her petticoatie
     Comin thro' the rye. 
 
Desearía ser un guardián para atraparlos a todos y que nunca caigan.

23 de julio de 2013

Hubo un tiempo en el que Samuel Jackson se calentó con las serpientes. (Con escupitajos y ojos desorbitados incluidos). Bueno, te entiendo negro. Yo ya tuve suficiente con el invierno. 
Admito que es una excusa personalmente ideal para la ingesta excesiva de cafeína, las duchas hirviendo son un placer incomparable, es «lindo» combinar los zapatos-con la cartera-con los guantes-con la bufanda-con el gorro, si el mate que me comparten en murga me quema la lengua directamente no lo siento, que es romántico dormir apapachado con tu media naranja (o mascota en su defecto) y demás. Pero, yo no sé ustedes, me escalo el Aconcagua recitando los contras. Si un día tiene 24 horas, 20 horas no siento ni los pies, ni las manos, ni la nariz. Olvídense de salir a mover el esqueleto, te quiero ver a vos bicicleteando con el viento cortándote la piel (a ver si volvés hecho un Harry Potter). Las cinco capas de ropa me transforman la figura de, no solo mujer sino de ser humano, en un iglú. Los lugares públicos están atestados de gente y la mayoría, engripada e inconscientemente dispuesta a contagiar. El caloventor ya es una extensión de mi cuerpo. La palabra productividad en invierno es un mito. Me despierto a cualquier hora con tal de permancer en la burbuja de calor humano que quedó atrapado entre las sábanas y una vez fuera de ella la pachorra hace presencia porque logra ser una característica innata. Leer y procrastinar, no hay más. Procrastinar hasta que sea hora de volver a caer rendido.
Pero es tema mío. Todos ustedes están hasta las manos con parciales y finales mientras mis vacaciones son vacaciones reales. Realmente el tiempo de ocio es inigualable pero si se vive de veras, si estas ahí afuera, en la calle, en el cruce paralelo y perpendicular de acciones y hechos. 
Extraño mi par de ojotas, el cordón de mi vereda, los helados de agua con Guadalupe, mi terraza, usar el pelo rozando apenas el final de mis orejas y pasar el tiempo en el Cente hasta que nos cansemos de la gente.
Pero bueno, Samuel Jackson logró deshacerse de las serpientes, ¿no?
 
Advertencias y sugerencias: No miren películas como Blue Valentine que les amargue todavía un poco más la propia existencia lenta de la estación; no se corten el pelo, cuanto más largo, más abrigo (en especial orejas): vayan al cine y aprovechen a perfumarse los abrigos con el aroma del caramelo.